Mi hermana valía 168.000 yuanes. Yo, apenas 2.200. Durante treinta años acepté esa cuenta injusta… hasta la noche en que mi madre quiso vender mi vida por segunda vez.
El día que mamá anunció la boda de mi hermana, la casa parecía un altar. Flores rojas en la puerta, frutas caras en la mesa y una sonrisa orgullosa en su voz. —Ciento sesenta y ocho mil yuanes de dote —repetía—. Mi hija sí supo hacerse valer. Cada vez que lo decía, me miraba de … Read more