Creyó que la chica más popular de la universidad intentaba conquistarlo… pero en realidad quería acercarse a su mejor amigo

Valeria Santos tenía una reputación peligrosa en la Universidad Westbridge.

Era la estrella del departamento de Comunicación Audiovisual, presentadora del canal estudiantil y una de esas personas capaces de entrar en una habitación y conseguir que todos giraran la cabeza.

Además, según los rumores, jamás había fracasado al conquistar a alguien.

Por eso, cuando comenzó a aparecer con frecuencia cerca del Instituto de Tecnología, todos llegaron a la misma conclusión:

Su próximo objetivo era Ethan Shaw.

Ethan era uno de los dos hombres más admirados del instituto.

También era el menos accesible.

Frío.

Distante.

Brutalmente sincero.

Había rechazado tantas confesiones que los estudiantes ya apostaban cuánto tardaría cada nueva admiradora en salir llorando.

Cuando vio a Valeria por primera vez, supo de inmediato lo que estaba ocurriendo.

Ella lo miró durante tres segundos desde el otro lado de la cafetería.

Ethan pensó:

Está coqueteando conmigo.

Al día siguiente, Valeria se acercó y le preguntó con voz amable:

—¿Esta silla está ocupada?

Ethan pensó:

Ya empezó a actuar dulce.

Días después, ella tropezó al bajar unas escaleras y terminó apoyándose en su brazo.

Ethan la sostuvo por reflejo.

Valeria se apartó de inmediato.

—Lo siento.

Él observó su rostro ligeramente sonrojado.

Está fingiendo para acercarse a mí.

No era arrogancia, se decía.

Era experiencia.

Había visto demasiadas veces las mismas tácticas.

Una conversación casual.

Un encuentro aparentemente accidental.

Una excusa para pedir ayuda.

Y Valeria empezó a cumplir cada paso.

Primero le pidió que la agregara a un juego en línea porque necesitaba completar una misión grupal.

Después apareció en una reunión del dormitorio masculino llevando comida.

Más tarde aceptó presentar el torneo de baloncesto en el que Ethan participaba.

Cada vez estaba más presente en su vida.

Demasiado.

—Creo que Valeria quiere conquistarte —dijo uno de sus compañeros.

Ethan ni siquiera levantó la vista de la computadora.

—Lo sé.

—¿Y qué harás?

—Rechazarla con educación.

Su mejor amigo y compañero de habitación, Liam Hayes, soltó una carcajada desde la cama.

Liam era el otro rostro famoso del Instituto de Tecnología.

A diferencia de Ethan, era amable, sociable y sonreía con facilidad. Los profesores confiaban en él, los estudiantes buscaban su ayuda y hasta los guardias del campus conocían su nombre.

Ethan lo miró con irritación.

—¿Qué te causa gracia?

—Nada.

—Estás riendo.

—Solo intento imaginar cómo rechazarás a alguien que todavía no se te ha declarado.

—Es cuestión de tiempo.

Liam negó con la cabeza.

—Tu confianza es conmovedora.

Ethan habría evitado a Valeria por completo de no ser por su madre.

Las madres de ambos habían sido amigas en la universidad y, después de reencontrarse durante una cena, la señora Shaw le ordenó que cuidara de ella.

—Valeria estudia lejos de su familia —le recordó por teléfono—. Sé amable.

—No necesita que la cuide.

—¿Cómo lo sabes?

—Es perfectamente capaz de manipular a media universidad.

—Ethan.

—Estoy siendo objetivo.

—Invítala a comer de vez en cuando.

Ethan aceptó a regañadientes.

Así empezó el desastre.

Valeria se unió a las partidas nocturnas del dormitorio. Aprendió los horarios del equipo de baloncesto. Empezó a sentarse junto a ellos en la cafetería.

Y, por algún motivo, hablaba demasiado con Liam.

Ethan supuso que era parte de su estrategia.

Quizá intentaba despertar sus celos.

No funcionaría.

Él no era tan infantil.

Sin embargo, cuando Valeria se reía de las bromas de Liam, Ethan sentía una irritación difícil de explicar.

Cuando Liam le prestaba su chaqueta, Ethan pensaba que ella podía haber llevado una propia.

Cuando ambos intercambiaban mensajes durante las clases, Ethan deseaba quitarle el teléfono a su amigo.

Y cuando Valeria animó a Liam desde las gradas durante un partido, Ethan falló tres tiros consecutivos.

—Estás jugando horrible —le dijo Liam.

—Ella no deja de gritar.

—Está animando al equipo.

—Pronunció tu nombre seis veces.

Liam lo observó en silencio.

Después sonrió.

—¿Estás celoso?

—No.

—Pareces celoso.

—Me desconcentran los sonidos repetitivos.

Liam soltó una carcajada.

Ethan quiso lanzarle el balón a la cara.

Una semana más tarde, Valeria le pidió hablar a solas.

—Tengo algo importante que decirte —explicó.

Ethan sintió un peso extraño en el pecho.

Había llegado el momento.

La citó detrás del antiguo auditorio, en una zona sin estudiantes. Preparó mentalmente un discurso respetuoso.

No quería humillarla.

Aunque fuera insistente, Valeria no era una mala persona.

Y, si era honesto, últimamente su presencia había dejado de resultarle tan molesta.

Cuando ella apareció, llevaba el cabello recogido y parecía nerviosa.

Ethan desvió el rostro.

—Antes de que hables, debes saber que ser rechazado es algo normal. La vida continúa y ninguna decepción es imposible de superar…

—Gracias.

La voz de Valeria interrumpió su discurso.

Ethan se quedó callado.

Ella sonrió con sinceridad.

—Si no hubiera sido por ti, jamás habría conseguido acercarme tan rápido a Liam.

El mundo se detuvo.

Ethan la miró lentamente.

—¿Liam?

—Sí.

—Liam Hayes.

—Tu compañero de habitación.

—Sé quién es.

Valeria juntó las manos, emocionada.

—Me gustaba desde antes de conocerte. Pero parecía tan inalcanzable que no sabía cómo acercarme. Gracias a ti pude entrar en su círculo.

Ethan sintió que algo desagradable subía desde el estómago.

—¿Todo este tiempo…?

—Espero que no te hayas sentido utilizado.

Él no respondió.

Valeria inclinó la cabeza.

—¿Qué estabas diciendo cuando llegué?

Ethan miró hacia otro lado.

—Estaba hablando dormido.

—Estabas de pie.

—Tengo un trastorno muy específico.

Valeria frunció el ceño, pero decidió no insistir.

—En cualquier caso, quería agradecértelo. Liam y yo tuvimos nuestra primera cita ayer.

Ethan dejó de escuchar después de esas palabras.

Primera cita.

Liam.

Valeria.

Juntos.

De pronto recordó todas las sonrisas, los mensajes y los encuentros que había interpretado como intentos de seducirlo.

Nunca habían sido para él.

La chica más popular de la universidad no intentaba conquistarlo.

Lo había utilizado como puente hacia su mejor amigo.

—Cuando nos casemos, te sentaremos en la mesa principal —bromeó Valeria.

Ethan la miró.

Por primera vez en su vida, sintió un impulso completamente irracional.

Quería arruinar aquella relación antes de que empezara.

Y lo peor era que todavía no sabía si se debía a que estaba protegiendo a Liam…

O a que deseaba a la mujer que nunca había intentado conquistarlo.

Ethan regresó al dormitorio convencido de que podía comportarse como una persona madura.

La convicción duró exactamente hasta que abrió la puerta.

Liam estaba frente al espejo cambiándose de camisa.

Sobre la cama había tres opciones distintas, todas perfectamente planchadas. También había una botella de perfume y un reloj que solo usaba en ocasiones importantes.

Ethan dejó la mochila sobre el escritorio.

—¿Vas a una boda?

Liam levantó una camisa azul.

—¿Esta o la negra?

—La negra.

—Valeria dijo que le gusta el azul.

—Entonces, ¿por qué preguntas?

Liam sonrió.

—Quería tu opinión.

—Mi opinión es que no deberías cambiarte cuatro veces por una cena informal.

—No es informal.

Ethan se volvió hacia él.

—¿Qué es?

—Nuestra segunda cita.

La palabra volvió a golpearlo.

Liam se puso la camisa azul.

—Pensé que ya te lo había contado.

—No.

—Valeria dijo que habló contigo.

—Me agradeció haber servido como intermediario involuntario.

Liam soltó una risa.

Ethan se sentó frente a su computadora.

—No veo qué tiene de gracioso.

—Todo.

—Sé específico.

—Durante semanas estabas convencido de que intentaba conquistarte.

—Nunca dije eso.

—Dijiste que su estrategia era demasiado obvia.

—Era una deducción razonable basada en información incompleta.

—También dijiste que debías encontrar la manera de rechazarla sin destruir su autoestima.

Ethan empezó a escribir sin abrir ningún documento.

—No recuerdo esa conversación.

—La tuvimos tres veces.

—Probablemente estabas soñando.

Liam se perfumó.

El olor irritó a Ethan de inmediato.

—Eso es demasiado.

—¿El perfume?

—Todo.

Liam se apoyó contra el escritorio.

—¿Te ocurre algo?

—No.

—Llevas media hora escribiendo en una pantalla vacía.

Ethan miró el monitor.

Solo había escrito una línea:

Sistema de detección de patrones.

La borró.

—Estoy cansado.

Liam lo estudió durante unos segundos.

—¿Te molestó descubrir que Valeria no estaba interesada en ti?

Ethan levantó la vista.

—No.

—No sería extraño.

—Sería absurdo.

—Es atractiva.

—Eso es irrelevante.

—Divertida.

—Habla demasiado.

—Inteligente.

—Utiliza palabras como “algoritmo” para referirse a cualquier cosa tecnológica.

Liam sonrió.

—Te has fijado bastante en ella.

Ethan cerró la computadora.

—Solo intento advertirte.

—¿Sobre qué?

—Su reputación.

La sonrisa de Liam desapareció parcialmente.

—¿Qué reputación?

—Todos dicen que nunca fracasa cuando decide conquistar a alguien.

—También todos dicen que tú eres incapaz de sentir emociones. No por eso lo creo.

Ethan guardó silencio.

Liam tomó su chaqueta.

—Valeria me gusta. Voy a conocerla sin basarme en rumores.

—Haz lo que quieras.

—Eso pensaba.

Liam caminó hacia la puerta.

Antes de salir, se volvió.

—Por cierto, hoy no regresaré temprano.

Ethan sostuvo su mirada.

—No necesitaba saberlo.

—Parecía importante aclararlo.

La puerta se cerró.

Ethan permaneció solo.

Durante los siguientes cuarenta minutos intentó programar.

No pudo.

Imaginó a Valeria riendo frente a Liam.

Imaginó a Liam acercándose para apartarle un mechón del rostro.

Imaginó el final de la noche.

Cerró la computadora con tanta fuerza que el estudiante de la habitación contigua golpeó la pared.

El hombre que no estaba celoso

Ethan decidió establecer límites.

No podía impedir que su mejor amigo saliera con Valeria. Tampoco debía involucrarse en una relación que no le pertenecía.

Su comportamiento hasta ese momento había sido producto de un malentendido.

Lo más razonable era alejarse.

Al día siguiente entró en la cafetería y encontró a Valeria sentada en su mesa habitual.

Delante de ella había tres vasos de café.

—Te compré uno —dijo al verlo.

Ethan observó el vaso.

—¿Por qué?

—Porque ayer fui un poco insensible.

—¿Un poco?

—No sabía que estabas pronunciando un discurso de rechazo.

—No lo estaba.

—Claro. Hablabas dormido.

Ella le tendió el café.

—Sin azúcar y con poca leche.

Ethan lo tomó.

—¿Cómo sabes cómo lo bebo?

—Liam me lo dijo.

De repente, el café le resultó desagradable.

Valeria deslizó su mochila hacia un lado.

—Siéntate.

—Tengo clase.

—En cuarenta minutos.

—Necesito prepararme.

—Ya debes haber estudiado todo el semestre.

Ethan permaneció de pie.

Valeria lo miró con expresión inocente.

—¿Estás enfadado conmigo?

—No.

—Pareces enfadado.

—Esta es mi cara normal.

—Tu cara normal tiene un siete por ciento menos de hostilidad.

Ethan se sentó.

No porque quisiera conversar.

Solo para corregir su percepción.

—No estoy enfadado. Simplemente considero ineficiente seguir participando en tus planes.

—¿Qué planes?

—Acercarte a Liam.

Valeria apoyó la barbilla en una mano.

—Ya me acerqué.

—Precisamente.

—¿Eso significa que ya no seremos amigos?

La pregunta lo tomó desprevenido.

—Nunca fuimos amigos.

—Jugamos juntos cuatro noches.

—Eso no crea una amistad.

—Me ayudaste a preparar el equipo para la transmisión del torneo.

—Era un problema técnico.

—Fuiste a buscarme cuando olvidé mi bolso.

—La señora de seguridad iba a cerrar el edificio.

—Me defendiste cuando aquel estudiante dijo que solo conseguí presentar el evento por mi apariencia.

—Su argumento era falso y estadísticamente pobre.

Valeria sonrió.

—Eres un amigo extraño, pero sigues siendo mi amigo.

Ethan miró el café.

No supo por qué aquella frase disminuyó su irritación.

—No necesito amigos.

—Tienes a Liam.

—Es una excepción prolongada.

—Ahora tienes dos.

—No he aceptado.

—Tu madre dijo que eras difícil.

Ethan alzó la cabeza.

—¿Hablas con mi madre?

—Nuestras madres hablan. A veces me envía comida y pregunta si estás comiendo bien.

—No deberías responder.

—Le dije que sobrevives principalmente de café y orgullo.

Ethan quiso molestarse.

En cambio, tuvo que contener una sonrisa.

Valeria abrió mucho los ojos.

—¿Acabas de sonreír?

—No.

—Lo hiciste.

—Fue un espasmo.

—Voy a anotarlo. Ethan Shaw posee músculos faciales funcionales.

Él apartó la mirada.

Durante los minutos siguientes, Valeria habló sobre su cita con Liam.

Ethan descubrió que escuchar los detalles era peor que imaginarlos.

Habían cenado.

Después caminaron cerca del lago del campus.

Liam le compró un helado.

No se habían besado.

Aquella última información lo alivió.

Entonces se odió por sentirse aliviado.

—¿Por qué me cuentas esto? —preguntó.

Valeria lo miró confundida.

—Porque eres su mejor amigo.

—Precisamente por eso no deberías darme detalles.

—Necesito ayuda.

—No.

—Todavía no te he pedido nada.

—La respuesta seguirá siendo no.

Valeria juntó las manos.

—Solo quiero saber qué le gusta.

—No.

—Qué tipo de citas prefiere.

—No.

—Qué cosas lo incomodan.

—Valeria.

—¿Cuál fue su relación más larga?

Ethan se levantó.

—Debo irme.

Ella lo siguió con la mirada.

—¿Dije algo malo?

—No.

—Entonces, ¿por qué huyes?

Ethan se detuvo.

—No estoy huyendo.

—Caminas hacia una clase que queda en la dirección contraria.

Él miró el edificio frente al que se encontraba.

Era la facultad de Artes Escénicas.

—Tengo asuntos allí.

—Estudian danza.

—La programación también requiere coordinación.

Valeria lo vio marcharse con una sonrisa desconcertada.

Una alianza peligrosa

A pesar de sus intenciones, Ethan siguió ayudándola.

Primero porque Valeria necesitaba elegir un regalo para Liam.

Después porque quería saber si él prefería el cine o los conciertos.

Luego porque Liam cumplía años y Valeria planeaba una fiesta sorpresa.

Ethan respondió cada pregunta con la menor cantidad posible de palabras.

Sin embargo, empezó a notar detalles que antes había ignorado.

Valeria no era una seductora calculadora.

Era desastrosamente directa cuando alguien realmente le importaba.

Podía presentar un programa en vivo ante miles de espectadores, pero se quedaba sin voz cuando Liam la felicitaba.

Conocía los nombres de todos los técnicos del canal estudiantil y llevaba comida para quienes trabajaban hasta tarde.

Su famosa reputación provenía de tres relaciones breves durante los primeros años de universidad.

Ninguna había terminado por engaños o juegos.

Simplemente Valeria no había encontrado a alguien que la hiciera querer quedarse.

—¿Por qué Liam? —preguntó Ethan una noche.

Estaban sentados en el suelo del dormitorio preparando pequeños paquetes para la fiesta.

Liam había salido a estudiar a la biblioteca.

Valeria levantó la vista.

—¿Qué?

—Hay muchas personas amables y atractivas en la universidad.

—¿Estás diciendo que Liam es reemplazable?

—Estoy preguntando qué lo hace diferente.

Ella pensó durante unos segundos.

—Lo vi por primera vez durante una conferencia. Un estudiante de primer año se quedó bloqueado mientras presentaba. Todos empezaron a murmurar. Liam se levantó, fingió que el proyector tenía un problema y le dio tiempo para recuperar la calma.

Ethan recordaba aquel día.

El proyector realmente había fallado.

Lo había reparado él desde la cabina técnica.

Pero no dijo nada.

—Después —continuó Valeria—, vi que acompañaba a una profesora mayor hasta el estacionamiento cada viernes. También ayuda en el refugio de animales.

—Parece que has realizado una investigación extensa.

—Me gustaba desde hacía meses.

Ethan ató una cinta con demasiada fuerza.

—¿Solo porque es amable?

—No es “solo” amable. Hace sentir cómodas a las personas.

—Eso también puede ser una estrategia.

Valeria rio.

—Ethan, no todos viven planeando defensas.

—Es más seguro asumir que sí.

—¿Y tú?

—¿Qué ocurre conmigo?

—¿Qué haces cuando te gusta alguien?

Él dejó el paquete sobre el suelo.

—Nada.

—Eso explica muchas cosas.

—No me gusta nadie.

—Nunca.

—Nunca recientemente.

Valeria se inclinó hacia él.

—¿Cómo fue tu primera relación?

—No fue relevante.

—Entonces sí existió.

—Valeria.

—¿Era bonita?

—Supongo.

—Qué romántico.

—Terminamos porque quería que fuera una persona diferente.

La ligereza de Valeria desapareció.

—Lo siento.

—No es necesario.

—¿Todavía la quieres?

Ethan tardó demasiado en contestar.

Valeria bajó la mirada.

—No tienes que decirme.

—No.

—¿No tienes que decirme o no la quieres?

—La segunda opción.

Valeria sonrió.

—Entonces algún día conocerás a alguien mejor.

—No estoy buscando.

—Las personas importantes aparecen sin que las busques.

Sus ojos se encontraron.

Durante un segundo, Ethan sintió que el dormitorio se había vuelto demasiado pequeño.

Valeria fue la primera en apartarse.

—Esta cinta quedó horrible —dijo.

Ethan la tomó.

—La ataste al revés.

—No existe un derecho y un revés para los lazos.

—Evidentemente sí.

Sus dedos se rozaron.

Valeria no pareció notarlo.

Ethan sí.

Aquella noche tardó horas en dormir.

La primera grieta

La fiesta sorpresa fue un éxito.

Liam se mostró verdaderamente emocionado al entrar en el salón y encontrar a todos sus amigos.

Abrazó a Valeria delante de ellos.

Ethan miró hacia otro lado.

Más tarde, mientras servían el pastel, Liam se acercó.

—Gracias por ayudarla.

—No fue nada.

—Valeria dijo que organizaste la mitad.

—Ella exagera.

—También dijo que elegiste el regalo.

Ethan miró el reloj que Liam llevaba en la muñeca.

—Solo recomendé una marca.

—Le dijiste que este modelo tenía una correa más cómoda porque suelo quitarme el reloj cuando programo.

—Era una observación práctica.

Liam sonrió.

—La conoces bastante bien últimamente.

—Habla sin interrupción. Es imposible no acumular información.

—¿Te cae bien?

Ethan tomó un vaso de agua.

—Es tolerable.

—Eso, viniendo de ti, es una declaración de amor.

El vaso se detuvo a medio camino.

Liam rio.

—Era una broma.

Ethan bebió.

—Mala broma.

Desde el otro lado del salón, Valeria los llamó.

Liam fue hacia ella.

Ethan observó cómo Valeria le limpiaba un poco de crema de la mejilla. Liam sostuvo su muñeca durante un instante.

El gesto fue pequeño.

Íntimo.

Ethan sintió una oleada de irritación tan fuerte que dejó el vaso sobre la mesa y salió al pasillo.

Cinco minutos después, Valeria lo encontró cerca de las escaleras.

—¿Te vas?

—Sí.

—Todavía no abrimos todos los regalos.

—No son míos.

—Pero me prometiste ayudar a recoger.

—Puedes pedirle a Liam.

Valeria frunció el ceño.

—¿Qué te ocurre?

—Nada.

—Llevas días extraño.

—Soy extraño según la mayoría de los estándares sociales.

—No uses palabras complicadas para evitar responder.

Ethan cruzó los brazos.

—No te estoy evitando.

—Entonces mírame.

Lo hizo.

Valeria parecía sinceramente preocupada.

Eso empeoró todo.

—¿Te molestó que ocupara tanto espacio en tu dormitorio? —preguntó—. Puedo dejar de ir.

—Haz lo que quieras.

—Odio cuando dices eso.

—¿Por qué?

—Porque suena como si nada te importara.

Ethan apretó la mandíbula.

—No es mi problema cómo interpretas mis palabras.

Valeria retrocedió.

La herida apareció claramente en su rostro.

—Tienes razón.

Regresó al salón sin decir nada más.

Ethan permaneció inmóvil.

Había querido crear distancia.

Lo había conseguido.

Entonces, ¿por qué se sentía peor?

El beso que no debía ver

Durante la semana siguiente, Valeria dejó de buscarlo.

No apareció en el dormitorio.

No le envió invitaciones para jugar.

No se sentó en su mesa.

Cuando coincidían, lo saludaba con educación y continuaba caminando.

Ethan descubrió que el silencio de Valeria era mucho más molesto que su voz.

Abrió su conversación en el teléfono varias veces.

No escribió.

Consideró disculparse.

No encontró una frase que no sonara innecesariamente emocional.

El viernes por la noche, regresó del laboratorio y vio a Liam esperando frente al dormitorio.

—Necesito hablar contigo —dijo su amigo.

Ethan abrió la puerta.

—Habla.

Liam permaneció en el pasillo.

—Terminé con Valeria.

Ethan se quedó inmóvil.

Sintió alivio primero.

Después culpa.

—¿Por qué?

—Porque no está funcionando.

—Eso no explica nada.

—Nos llevamos bien, pero cada vez que estamos juntos siento que busca a otra persona.

El corazón de Ethan golpeó con fuerza.

—¿A quién?

Liam lo miró directamente.

—A ti.

Ethan soltó una risa seca.

—Eso es absurdo.

—¿Lo es?

—Ella se acercó a mí para conocerte.

—Al principio.

—Le gustas desde hace meses.

—Quizá le gustaba la idea de mí.

Ethan negó con la cabeza.

—Estás imaginando cosas.

—Durante nuestra última cita mencionó tu nombre nueve veces.

—¿Las contaste?

—Después de la quinta, sí.

—Somos amigos. Es normal.

—También defendió tu comportamiento cuando dije que eras grosero.

—Eso demuestra mal juicio, no sentimientos.

Liam se acercó un paso.

—Cuando entras en una habitación, ella te mira antes de darse cuenta de que lo está haciendo.

Ethan dejó las llaves sobre el escritorio.

—No voy a tener esta conversación.

—Porque sabes que es verdad.

—Porque es ridículo.

—¿Te gusta?

Ethan alzó la vista.

—No.

—Mírame y repítelo.

—No me gusta Valeria.

Liam lo observó durante un largo momento.

—Eres un pésimo mentiroso.

—Y tú acabas de terminar con una mujer y buscas una explicación que no te haga responsable.

La frase fue cruel.

Ethan lo supo en cuanto salió de su boca.

Liam endureció el rostro.

—Quizá.

Abrió la puerta del dormitorio.

—Pero al menos yo fui honesto con ella.

—¿Qué significa eso?

—Significa que le dije lo que sospechaba.

Ethan sintió una alarma inmediata.

—¿Le dijiste que estaba interesada en mí?

—Sí.

—¿Por qué harías eso?

—Porque necesitaba pensarlo.

—No tenías derecho.

—Era mi relación.

—Precisamente. No debías incluirme.

Liam sonrió sin humor.

—Ya estabas incluido.

Salió.

Ethan tomó el teléfono.

Antes de decidir qué escribir, recibió un mensaje de Valeria.

“¿Podemos hablar?”

Se encontraron detrás del estudio de televisión.

Valeria estaba sentada en un banco, todavía con la identificación del canal colgada al cuello.

Parecía agotada.

—Liam terminó conmigo —dijo.

—Lo sé.

—Claro.

—Me lo contó hace unos minutos.

Valeria jugó con el borde de su identificación.

—Dijo que me gustas.

Ethan guardó silencio.

—Es ridículo —continuó ella—. ¿Verdad?

Él debería haber dicho que sí.

Era la respuesta correcta.

La más segura.

—¿Lo es? —preguntó en cambio.

Valeria levantó la cabeza.

Sus ojos se encontraron.

—No lo sé —admitió.

El aire se volvió pesado.

Ethan dio un paso hacia ella.

—Te acercaste a mí por él.

—Sí.

—Me utilizaste para entrar en su vida.

—No quería hacerlo de una manera cruel.

—Me contabas cada detalle de sus citas.

—Pensé que eras mi amigo.

—Lo era.

—¿Y ahora?

Ethan no supo responder.

Valeria se puso de pie.

—Liam dijo que siempre te buscaba cuando estábamos juntos. Que hablaba de ti. Que me importaba demasiado lo que pensaras.

—¿Es verdad?

—Al principio creía que solo me molestaba tu personalidad.

—Comprensible.

—Después empecé a querer contarte cosas antes que a él.

Ethan dejó de respirar.

—Cuando conseguía algo, quería ver si tú decías que estaba bien. Cuando no aparecías, me parecía que faltaba alguien. Y cuando me ignoraste después de la fiesta…

Su voz se quebró ligeramente.

—Me dolió más de lo que debería.

Ethan se acercó.

—Valeria.

—No.

Ella retrocedió.

—No quiero hacerle esto a Liam.

—Él terminó contigo.

—Porque cree que me gustas. Si corro hacia ti, demostraré que tenía razón.

—Quizá la tenía.

Valeria negó con la cabeza.

—Es tu mejor amigo.

—Eso no cambia lo que sientes.

—Pero debería cambiar lo que hacemos.

Ethan nunca había odiado tanto una conclusión lógica.

—Entonces, ¿qué propones?

—Distancia.

La palabra le resultó insoportable.

—¿Cuánto tiempo?

—No lo sé.

—Eso no es una respuesta.

—Necesito descubrir si realmente me gustas o si solo estoy confundida.

—¿Y yo?

Valeria lo miró sorprendida.

—¿Qué ocurre contigo?

Ethan dio otro paso.

—Pasé semanas creyendo que intentabas conquistarme.

Pese a la tensión, Valeria casi sonrió.

—Eres increíblemente arrogante.

—Lo sé.

—Preparaste un discurso para rechazarme.

—No es relevante.

—Es extremadamente relevante.

—Déjame terminar.

Ella guardó silencio.

Ethan la miró con una honestidad que lo incomodaba.

—Cuando descubrí que querías a Liam, sentí que alguien había cometido un error.

—¿Qué error?

—Que debía haber sido yo.

Valeria dejó de sonreír.

—Ethan…

—No entendí lo que ocurría hasta que empezaste a salir con él. Me irritaba que te escribiera. Que te hiciera reír. Que conociera cosas de ti antes que yo.

—Eso son celos.

—Soy consciente.

—¿Desde cuándo?

—No lo sé.

—¿Y qué quieres hacer?

Ethan miró sus labios.

—Algo poco responsable.

Se inclinó.

Valeria puso una mano sobre su pecho antes de que pudiera besarla.

—No.

La palabra lo detuvo de inmediato.

Ella respiraba con dificultad.

—Todavía es demasiado pronto.

Ethan retrocedió.

—Entiendo.

La facilidad con que lo hizo cambió algo en la expresión de Valeria.

—¿Eso es todo?

—Dijiste que no.

—Sí.

—Entonces no voy a besarte.

—Eres desesperante.

—¿Preferirías que te ignorara?

—No.

—Entonces estamos de acuerdo.

Valeria se cubrió el rostro un segundo.

—Necesito tiempo.

—Te lo daré.

—Y no puedes sabotear mis relaciones.

Ethan se quedó callado.

Ella entrecerró los ojos.

—Ethan.

—Acepto la primera condición.

—Las dos.

—Depende de la relación.

—Las dos.

—Bien.

Valeria lo señaló.

—Tampoco puedes interrogar a Liam.

—No pensaba hacerlo.

Era mentira.

La traición entre amigos

Liam evitó a Ethan durante cuatro días.

Dormía en casa de otro compañero y solo regresaba cuando necesitaba ropa.

El quinto día, Ethan lo encontró en la cancha vacía.

—Necesitamos hablar.

Liam continuó lanzando el balón.

—No.

—Eres mi compañero de habitación.

—Temporalmente.

—No seas infantil.

El balón golpeó el aro y cayó al suelo.

Liam se volvió.

—¿Infantil?

—No hicimos nada.

—¿Todavía?

Ethan sostuvo su mirada.

—Valeria me dijo que necesitaba tiempo.

—Eso no responde.

—Intenté besarla.

Liam quedó inmóvil.

—Al menos eres honesto.

—Me detuvo.

—Qué noble por parte de ambos.

—Liam.

—No estoy enfadado porque le gustes.

—Pareces enfadado.

—Estoy enfadado porque tú sabías que yo estaba interesado en ella y aun así te involucraste.

—No decidí sentir algo.

—Pero decidiste actuar.

Ethan no tenía una defensa satisfactoria.

—Tienes razón.

Liam soltó una risa amarga.

—No esperaba escuchar eso.

—Actué mal.

—También la trataste como si fuera una molestia mientras yo intentaba hacerla feliz.

La frase golpeó con precisión.

—Lo sé.

—Y ahora que sabes que podría elegirte, de repente te interesa.

—No fue así.

—Desde fuera, sí.

Ethan recogió el balón.

—No quiero perder nuestra amistad.

—Tampoco querías que saliera con ella.

—No.

—Gracias por confirmarlo.

—No voy a mentirte.

Liam pasó una mano por su cabello.

—Necesito tiempo.

—Eso parece popular últimamente.

Liam casi sonrió.

La expresión desapareció de inmediato.

—No te perdonaré solo porque ella te elija.

—No te lo estoy pidiendo.

—¿Y si me elige a mí?

Ethan apretó el balón entre las manos.

La respuesta correcta era decir que lo aceptaría.

—No intentaré impedirlo.

—No es lo mismo.

—Es lo máximo que puedo prometer.

Liam asintió lentamente.

—Al menos eso suena a ti.

La distancia

Valeria cumplió su palabra.

Durante un mes, se alejó de ambos.

Se concentró en el canal universitario, aceptó dirigir una serie de entrevistas y dejó las partidas nocturnas.

Ethan respetó su espacio.

Técnicamente.

No le escribió.

No fue a buscarla.

No preguntó a sus amigos por ella.

Sin embargo, veía todas las transmisiones del canal.

Incluso las que trataban sobre arte contemporáneo, un tema que consideraba deliberadamente confuso.

Valeria también parecía observarlo desde lejos.

Asistió al siguiente partido de baloncesto, aunque se sentó en la última fila.

Cuando Ethan anotó el punto decisivo, la buscó entre las gradas.

La encontró de pie, sonriendo.

Durante un segundo, ninguno apartó la mirada.

Liam también lo vio.

En el vestuario, lanzó una toalla hacia Ethan.

—Deberías hablar con ella.

Ethan la atrapó.

—Dijo que necesitaba tiempo.

—Ha pasado un mes.

—Treinta y dos días.

Liam lo miró.

—Por supuesto que los contaste.

—Fue una observación temporal.

—Estoy cansado de verlos actuar como personajes secundarios de una serie mala.

Ethan se sentó.

—¿Ya no estás enfadado?

—Sigo molesto.

—Entonces no entiendo.

Liam apoyó la espalda contra los casilleros.

—Me gustaba Valeria. Quizá podría haber llegado a quererla. Pero desde el principio había una parte de ella que despertaba más contigo.

—Yo la irritaba.

—Precisamente.

—Eso no tiene sentido.

—El amor rara vez lo tiene.

Ethan frunció el ceño.

—No esperaba esa frase de alguien que estudia ingeniería.

—Tengo otras dimensiones.

Liam se quedó en silencio antes de continuar:

—No quiero perderte por una relación que nunca fue completamente mía.

Ethan bajó la mirada.

—Lo siento.

—Tendrás que compensarme.

—¿Cómo?

—Si terminan juntos, jamás quiero escuchar detalles.

—Eso no será un problema.

—Y me debes seis meses de limpieza del dormitorio.

—Eso es desproporcionado.

—Intentaste besar a mi novia.

—Exnovia.

—Ocho meses.

—Acepto seis.

Liam extendió la mano.

Ethan la estrechó.

No resolvía todo.

Pero era un comienzo.

La confesión equivocada

Valeria citó a Ethan en el estudio vacío donde había comenzado a trabajar en su nuevo programa.

Cuando él llegó, ella estaba ajustando una cámara.

—Pensé que querías hablar —dijo.

—Quiero grabar algo.

—No he autorizado el uso de mi imagen.

—No aparecerás.

Valeria señaló una silla.

—Siéntate.

Ethan obedeció.

Ella se colocó frente a él con un micrófono.

—Estoy preparando un episodio sobre malentendidos.

—Parece un ataque personal.

—Lo es.

Ethan la miró.

Valeria respiró hondo.

—Durante semanas creí que me gustaba Liam porque representaba todo lo que buscaba. Es amable, fácil de entender y hace sentir cómodas a las personas.

—Eso suena bien.

—Lo es.

—Entonces, ¿por qué estoy aquí?

—Porque contigo nunca me siento cómoda.

Ethan parpadeó.

—No parece una confesión favorable.

—Déjame terminar.

Valeria sonrió.

—Me enfadas. Me cuestionas. Señalas cada error que cometo. A veces quiero golpearte con un micrófono.

—¿Este micrófono?

—Es caro. Usaría otro.

—Razonable.

—Pero también eres la primera persona a la que busco cuando algo sale mal. Porque sé que no vas a endulzarme la verdad. Cuando dices que hice algo bien, sé que realmente lo piensas.

Ethan permaneció inmóvil.

—Con Liam quería ser perfecta —continuó ella—. Contigo no puedo fingir ni cinco minutos.

—Eso se debe a que eres una mala actriz.

—Y tú estás arruinando mi confesión.

—Lo siento.

—No lo sientes.

—No.

Valeria dejó el micrófono.

—Durante este mes intenté convencerme de que solo estaba confundida.

—¿Lo conseguiste?

—No.

Ethan se puso de pie.

—Entonces dime claramente qué descubriste.

Ella respiró hondo.

—Me gustas.

—¿Cuánto?

—Ethan.

—Es una pregunta legítima.

—Lo suficiente para considerar soportarte diariamente.

—Eso es significativo.

—Lo suficiente para haber visto todos tus partidos, aunque no entiendo la mitad de las reglas.

—Solo hay reglas simples.

—Lo suficiente para sentir celos cuando una estudiante te entregó una botella de agua.

—Era la encargada del equipo.

—No me importa.

Ethan dio un paso hacia ella.

—¿Terminaste?

—No.

—Continúa.

Valeria levantó el mentón.

—También descubrí que eres mucho más dramático de lo que aparentas.

—Eso es falso.

—Creíste que cada movimiento mío era un intento de seducirte.

—Había señales ambiguas.

—Me caí.

—Convenientemente cerca de mí.

—Tenía un zapato roto.

—No lo sabía.

—Jamás preguntaste.

—No parecía relevante.

Valeria rio.

—Y preparaste un discurso para romperme el corazón.

—Era un gesto considerado.

—Fue lo más humillante que me ha ocurrido.

—Nadie más lo sabe.

—Liam lo sabe.

Ethan guardó silencio.

Valeria abrió los ojos.

—¿Se lo contaste?

—Él dedujo una parte.

—Voy a cambiar de universidad.

Ethan tomó suavemente su muñeca.

—No.

Ella lo miró.

—¿No?

—Todavía no he respondido a tu confesión.

—Pensé que era evidente.

—Las suposiciones nos trajeron hasta aquí.

Valeria no pudo discutirlo.

Ethan acercó su mano a la de ella y entrelazó sus dedos.

—Me gustas.

—Eso ha sido muy breve.

—Puedo elaborar un informe.

—Prefiero algo más romántico.

Ethan pensó durante varios segundos.

—Cuando no estás, todo se vuelve demasiado silencioso.

La sonrisa de Valeria desapareció lentamente.

Él continuó:

—Y descubrí que no me gusta una vida en la que dejas de molestarme.

—Eso es terrible.

—Estoy intentando mejorar.

—Inténtalo otra vez.

Ethan la acercó.

—Quiero ser la persona a la que busques primero. No el puente hacia alguien más.

Valeria sintió que el corazón se le aceleraba.

—Mejor.

—¿Puedo besarte ahora?

Ella lo miró con diversión.

—¿Siempre pedirás permiso?

—Cuando tenga dudas.

—¿Y ahora las tienes?

—No.

Ethan la besó antes de que pudiera responder.

No fue un beso tímido.

Tampoco apresurado.

Fue firme, contenido durante demasiado tiempo y mucho más intenso de lo que Valeria había imaginado de un hombre que parecía calcular hasta la manera de respirar.

Cuando se separaron, ella lo miró sorprendida.

—Has ocultado información importante.

—Nunca preguntaste.

Valeria tiró de su camisa y volvió a besarlo.

La cámara seguía grabando.

Ninguno lo recordó hasta mucho más tarde.

La relación que nadie esperaba

Los rumores se extendieron por el campus antes de que ellos decidieran anunciar algo.

Algunas personas aseguraban que Valeria había conquistado finalmente al hombre imposible.

Otras decían que Ethan había traicionado a su mejor amigo.

La verdad era menos elegante.

Valeria había intentado acercarse a Liam.

Ethan había interpretado erróneamente cada gesto.

Liam había sido el primero en comprender lo que ocurría.

Y todos habían resultado heridos antes de aprender a hablar con honestidad.

Ethan y Valeria no tuvieron una relación tranquila.

Discutían por los horarios.

Por la forma en que él corregía su pronunciación de términos tecnológicos.

Por la costumbre de Valeria de entrar en el dormitorio sin llamar.

Por el hecho de que Ethan respondiera mensajes con una sola palabra.

Pero también se complementaban de formas inesperadas.

Valeria lo obligaba a asistir a fiestas.

Ethan se aseguraba de que ella comiera cuando trabajaba durante horas.

Ella le enseñó a improvisar frente a una cámara.

Él creó una aplicación para organizar sus proyectos y fingió que no había pasado tres noches diseñándola.

Liam tardó un tiempo en sentirse completamente cómodo.

Sin embargo, no abandonó su amistad.

Una noche, mientras los tres jugaban en línea, Valeria perdió una partida y culpó a Ethan.

—No cubriste mi posición.

—Te alejaste del equipo.

—Debías seguirme.

—Tu estrategia era suicida.

—En una relación, debes apoyarme.

Liam habló desde sus auriculares.

—No utilicen su noviazgo para arruinar las partidas.

—Él empezó —dijo Valeria.

—Eso es objetivamente falso —respondió Ethan.

Liam suspiró.

—Me arrepiento de haberlos ayudado.

—Te sentaremos en la mesa principal de la boda —prometió Valeria.

Ethan dejó de mover su personaje.

—¿Qué boda?

Valeria se quedó callada.

Liam empezó a reír.

—Buen trabajo, Valeria.

—Era una expresión.

—Mencionaste nuestra boda.

—Una boda hipotética.

Ethan se volvió hacia ella.

—¿Has pensado en casarte conmigo?

—Sigue jugando.

—Necesito una respuesta.

—Nos están atacando.

—Liam puede defendernos.

—No pienso hacerlo —dijo él.

Perdieron la partida.

Ethan continuó esperando una respuesta.

Valeria terminó confesando que sí lo había imaginado.

No sabía que, aquella misma semana, él había empezado a buscar anillos.

Tres años después

Valeria se convirtió en conductora de un programa nacional de entrevistas.

Ethan fundó una empresa de seguridad informática junto con Liam.

El día de la inauguración de su nueva oficina, Valeria fue invitada a presentar el evento.

Mientras los socios sostenían las tijeras frente a la cinta, ella miró a Ethan.

—¿Por qué sonríes? —susurró.

—Estoy recordando la primera vez que me miraste.

—No te conocía.

—Aun así, pensé que intentabas seducirme.

—Eras insoportable.

—Todavía lo soy.

—Lo sé.

Liam, situado al otro lado, inclinó la cabeza.

—¿Podemos cortar la cinta antes de que empiecen a discutir?

Las cámaras comenzaron a fotografiarlos.

Valeria levantó las tijeras.

Ethan sacó algo del bolsillo.

—Espera.

Ella se quedó inmóvil.

Él se arrodilló frente a todos.

El público soltó una exclamación.

Valeria se cubrió la boca.

—¿Esto estaba planeado?

—Durante cuatro meses.

—¿Liam lo sabía?

—Me obligó a revisar diecisiete anillos —dijo Liam.

Ethan abrió la caja.

—La primera vez que te vi, creí entender todo lo que pensabas.

Varias personas rieron.

—Me equivoqué en cada detalle —continuó—. Pensé que me mirabas porque querías conquistarme. Pensé que cada palabra amable era una estrategia. Pensé que cada encuentro era intencional.

Valeria tenía lágrimas en los ojos.

—Pero el mayor error fue creer que podría mantenerte fuera de mi vida una vez que habías entrado en ella.

Él alzó el anillo.

—No quiero volver a asumir lo que piensas. Así que voy a preguntarlo claramente.

Valeria rio entre lágrimas.

—Por fin aprendiste.

—¿Quieres casarte conmigo?

—Sí.

Ethan se levantó y colocó el anillo en su dedo.

Valeria lo besó delante de las cámaras.

Liam empezó a aplaudir.

—Espero mi mesa principal.

Valeria se separó de Ethan.

—Te prometí un asiento.

—Después de todo lo que soporté, merezco una mesa completa.

—Eso no es negociable —dijo Ethan.

—Intentaste robarme a mi novia.

—Ella nunca fue realmente tuya.

El silencio cayó de golpe.

Ethan comprendió demasiado tarde lo que acababa de decir.

Liam lo miró con expresión peligrosa.

—¿Quieres repetirlo?

Valeria se interpuso.

—No arruinen mi compromiso.

—Fue una observación factual —dijo Ethan.

—Corre —aconsejó ella.

Ethan retrocedió justo cuando Liam intentó atraparlo.

Las cámaras grabaron al serio empresario corriendo alrededor del escenario mientras su socio lo perseguía y Valeria reía hasta quedarse sin aire.

Años atrás, Ethan habría considerado aquella escena una humillación pública.

Ahora no le importaba.

Había pasado gran parte de su vida creyendo que comprender a las personas significaba anticipar sus intenciones.

Valeria le enseñó lo contrario.

A veces, una mirada no era una seducción.

Una caída no era una estrategia.

Una amistad podía transformarse en amor sin que nadie lo planeara.

Y un hombre convencido de que jamás sería conquistado podía terminar arrodillado frente a la única mujer que nunca había intentado hacerlo.

Tal vez por eso había perdido desde el principio.

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