LA NOCHE ANTES DE MI BODA, MI PROMETIDO ME TRAICIONÓ CON SU AMIGA DE LA INFANCIA. CUANDO VOLVÍ A NACER, DECIDÍ ARRUINARLES LA VIDA.

PARTE 2

EL PRECIO DE UNA TRAICIÓN

Gu Xiao tardó varios segundos en reaccionar.

Sus ojos pasaron de la carpeta que sostenía a los dos funcionarios de supervisión situados detrás de Clara.

—Shen You, ¿qué estás intentando hacer? —preguntó con voz tensa—. Hoy es nuestra boda. No puedes acusarme de algo tan grave delante de todos.

—Entonces deberías alegrarte de que haya testigos —respondí—. Si eres inocente, tendrás la oportunidad de demostrarlo.

Lin Yao se aferró a su brazo.

—Hermano Xiao, tengo miedo…

Él le acarició la espalda por instinto.

Aquel simple gesto provocó varias miradas de desaprobación.

Mi padre, Shen Jianming, se abrió paso entre los invitados.

Había permanecido en silencio desde el comienzo del escándalo, pero su expresión se había endurecido al escucharme mencionar una posible conspiración contra nuestra familia.

—You, ¿de dónde has sacado esos documentos?

Respiré profundamente.

Había esperado ese momento desde que desperté aquella mañana.

En mi vida anterior, mi padre había sido investigado por autorizar irregularmente la adquisición de equipamiento militar. Los investigadores encontraron documentos firmados en su nombre, transferencias sospechosas y declaraciones que lo incriminaban.

Mi padre insistió hasta el final en que nunca había autorizado aquellas operaciones.

Nadie le creyó.

La documentación parecía irrefutable.

Nuestra familia perdió su reputación, nuestros bienes quedaron intervenidos y mis padres terminaron en prisión.

Yo estaba embarazada cuando recibí la noticia.

Recuerdo haberle suplicado a Gu Xiao que me ayudara.

Él me abrazó y prometió mover todos los contactos posibles.

Aquella noche incluso me preparó una taza de leche caliente.

Horas después me empujó por las escaleras.

Solo antes de morir comprendí que nunca había intentado salvarnos.

Había estado esperando nuestra caída.

Ahora tenía una segunda oportunidad, pero no podía presentarme ante los investigadores y contarles que había visto el futuro.

Necesitaba pruebas.

Por eso, en cuanto desperté, recordé un detalle que había ignorado durante años.

Tres días antes de la boda, Gu Xiao me había pedido que firmara varios papeles relacionados con una supuesta reorganización del patrimonio familiar.

Yo me negué porque estaba ocupada preparando la ceremonia.

Él respondió que no importaba, que podía encargarse.

En mi primera vida nunca volví a pensar en aquella conversación.

Esta vez, en cambio, fue la primera pista.

—Papá —dije—, ¿recuerdas el expediente de suministros que rechazaste la semana pasada?

Su expresión cambió.

—Por supuesto. Había inconsistencias en las cifras y ordené devolverlo para su revisión.

Abrí la carpeta y le mostré una página.

—Pues alguien ha vuelto a presentarlo. Ahora lleva tu autorización.

Mi padre tomó el documento.

Bastó una mirada para que comprendiera la gravedad del asunto.

—Esta no es mi firma.

—Lo sé.

Gu Xiao intervino inmediatamente.

—¡Eso no demuestra nada! Hay numerosos oficiales que tramitan documentos en nombre de sus superiores.

Uno de los funcionarios avanzó.

—General Gu, nadie ha afirmado todavía que usted falsificara esa autorización. Pero encontramos una solicitud de acceso al expediente emitida desde su oficina.

El color desapareció de su rostro.

—Mi oficina gestiona decenas de solicitudes.

—Entonces será fácil comprobar quién la autorizó —respondió el funcionario.

Lin Yao tiró suavemente de la manga de Gu Xiao.

—Hermano Xiao, vámonos. Me duele el vientre.

Él pareció encontrar una salida.

—Mi prometida está poniendo nerviosa a una mujer embarazada. Si le pasa algo al bebé, ¿quién se hará responsable?

Lo observé con frialdad.

—No impido que reciba atención médica. Que llamen a una ambulancia.

Después miré a Lin Yao.

—Pero si necesitas salir de aquí, tendrás que hacerlo sin llevarte los documentos.

La muchacha abrió los ojos.

—¿Qué documentos?

—Los que llevas escondidos en el bolso.

Durante un instante, dejó de fingir dolor.

Luego retrocedió.

—¡No sé de qué estás hablando!

Clara levantó su teléfono.

—Esta mañana, mientras ayudaba a preparar la ceremonia, vi a la señora Lin entregar a su hija un sobre de la oficina del general Gu. Después, Yao lo guardó en el bolso que dejó junto a la piscina.

Gu Xiao perdió la paciencia.

—¡Basta de acusaciones sin fundamento!

—Entonces, permite que los investigadores revisen el bolso —dije.

Mi padre hizo un gesto a los funcionarios.

Uno de ellos se acercó a Lin Yao.

—Señorita, le solicitamos que conserve sus pertenencias intactas mientras verificamos esta información. Podemos levantar un acta formal.

Ella miró desesperadamente a Gu Xiao.

Él no dijo nada.

Aquello me hizo sonreír por dentro.

La mujer que había creído ser más importante que cualquier otra persona estaba descubriendo cuánto valía realmente para él cuando su carrera corría peligro.

LA MENTIRA QUE SE DESMORONÓ

El bolso de Lin Yao contenía maquillaje, un pañuelo, su teléfono y un sobre marrón.

Ella aseguró que desconocía su contenido.

El funcionario lo abrió en presencia de varios testigos.

Dentro había copias de contratos, una lista de pagos y una nota manuscrita:

«Después de la ceremonia, destruir los originales. No debe quedar ningún vínculo con la oficina de Gu».

Mi padre examinó la letra.

—¿Quién ha escrito esto?

La señora Lin, que hasta entonces había permanecido junto a la puerta, cayó de rodillas.

—¡Señor! ¡Mi hija no sabe nada! ¡Yo le entregué el sobre!

Gu Xiao la fulminó con la mirada.

—¿Por qué tenías documentos de mi despacho?

Ella empezó a temblar.

—Usted me pidió que guardara unos papeles…

—¡Miente! —rugió él.

El jardín quedó completamente silencioso.

La mujer que había trabajado para la familia Gu durante más de veinte años lo miró con incredulidad.

—General, usted dijo que, después de la boda, todo estaría solucionado.

Gu Xiao se volvió hacia los funcionarios.

—Esta mujer está confundida. Su hija acaba de sufrir una crisis emocional y seguramente…

—Qué curioso —lo interrumpí—. Hace unos minutos, Lin Yao era la persona más importante de tu vida. Ahora su madre es una mentirosa.

Él apretó la mandíbula.

—Shen You, estás destruyendo nuestra relación.

—Nuestra relación terminó cuando decidiste utilizarme.

—No entiendes nada.

—Entonces explícamelo.

Avancé un paso.

—Explícame por qué necesitabas mi apellido para casarte, pero no para amar. Explícame por qué pretendías obligarme a aceptar a tu amante embarazada. Y, sobre todo, explícame por qué tu oficina está relacionada con documentos falsificados a nombre de mi padre.

Gu Xiao guardó silencio.

La mirada de mi padre pasó de él a mí.

—You, ¿desde cuándo sospechas esto?

No podía decirle la verdad.

¿Cómo explicarle que había vivido dos años de matrimonio, perdido a toda mi familia y muerto a manos de aquel hombre?

—Desde que encontré inconsistencias en los papeles que Gu Xiao quería que firmara antes de la boda —respondí—. Ayer pedí a Clara que me ayudara a comprobarlos. Esta mañana llegó la confirmación de que se habían utilizado datos personales míos sin autorización.

No era toda la verdad, pero tampoco una mentira sobre las pruebas que teníamos.

Clara intervino:

—Mi tío trabaja como abogado especializado en asuntos administrativos. Revisó las copias y nos recomendó entregar todo inmediatamente a la oficina de supervisión. Por eso están aquí.

Mi padre asintió lentamente.

Uno de los funcionarios cerró la carpeta.

—General Gu, deberá acompañarnos para aclarar las autorizaciones emitidas desde su oficina. Esto no constituye una declaración de culpabilidad, pero sí exige una investigación formal.

Gu Xiao miró a los oficiales presentes.

Había pasado años cultivando su imagen de militar ejemplar: disciplinado, ambicioso y respetuoso con sus superiores.

Ahora todos lo observaban como a un extraño.

Intentó recuperar la compostura.

—Cooperaré con la investigación. No tengo nada que ocultar.

Entonces Lin Yao gritó:

—¡Hermano Xiao, no puedes irte! ¡Me prometiste que hoy sería nuestra boda!

Su voz rompió el silencio.

Todos la miraron.

Ella pareció darse cuenta demasiado tarde de lo que acababa de decir.

Yo levanté una ceja.

—¿Vuestra boda?

—No… Yo…

—Hace un rato dijiste que no querías quitarme nada. ¿Ahora resulta que hoy también era el día de tu boda?

Lin Yao comenzó a llorar.

—¡Solo quería sentirme su esposa por una vez!

—Entonces deberías habérselo pedido antes de que aceptara casarse conmigo.

Gu Xiao intentó sujetarla, pero ella se apartó.

—¡Me dijiste que después de casarte con Shen You podríamos vivir juntos! ¡Que cuando consiguieras el ascenso ya no necesitarías fingir!

Aquellas palabras quedaron suspendidas en el aire.

Vi cómo varios oficiales intercambiaban miradas.

Uno de ellos murmuró:

—Increíble…

Lin Yao seguía llorando.

—¡También me dijiste que la familia Shen pronto dejaría de ser un problema!

Gu Xiao la agarró de los hombros.

—¡Cállate!

La fuerza con que lo hizo provocó que ella gritara.

Mi padre dio un paso adelante.

—General Gu, suéltela.

Gu Xiao obedeció lentamente.

Comprendí entonces que el primer golpe había dado en el blanco.

Pero no era suficiente.

Gu Xiao todavía tenía contactos, subordinados leales y años de experiencia manipulando a los demás.

Si quería proteger a mi familia, debía asegurarme de que aquella investigación llegara hasta el final.

EL HOMBRE QUE HABÍA ESTADO DETRÁS DE TODO

La ceremonia fue cancelada oficialmente aquella misma tarde.

Me quité el vestido de novia y lo dejé doblado sobre la cama.

Mi madre entró cuando estaba deshaciendo el peinado.

Tenía los ojos enrojecidos.

—¿Por qué no nos dijiste que estabas pasando por todo esto?

Me quedé mirándola.

En mi vida anterior, había visto cómo los guardias se la llevaban de nuestra casa.

Nunca olvidaría el modo en que intentó consolarme incluso cuando le colocaron las esposas.

—Porque tenía miedo de equivocarme —susurré.

Mi madre me abrazó.

—Preferiría verte cancelar diez bodas antes que sufrir un solo día al lado de un hombre que no te respeta.

Aquellas palabras terminaron de romper mi resistencia.

Hundí el rostro en su hombro y lloré.

No por Gu Xiao.

Lloré por la madre que había perdido, por el padre que murió en prisión en mi primera vida y por el bebé al que nunca llegué a conocer.

Mi madre me acarició el cabello hasta que pude tranquilizarme.

A la mañana siguiente, los periódicos locales hablaban del escándalo.

La boda del joven general se había suspendido después de que su relación con otra mujer saliera a la luz.

Pero la noticia más grave circulaba dentro de la estructura militar: se investigaban contratos falsificados y posibles desvíos de fondos.

Gu Xiao fue apartado temporalmente de sus funciones administrativas mientras se revisaba la documentación.

Yo pensé que intentaría buscarme.

No tardó en hacerlo.

Tres días después, apareció frente a nuestra casa.

Los guardias le negaron la entrada.

Entonces me llamó.

Respondí desde la ventana de mi habitación.

—¿Qué quieres?

Su voz sonaba agotada.

—Shen You, tenemos que hablar.

—Habla.

—No por teléfono. Baja, por favor.

—Ya no tenemos nada que discutir.

Hubo un silencio.

—Sé que estás enfadada por lo de Yao. Cometí un error, lo admito. Pero no puedes permitir que ese error destruya todo lo que hemos construido.

Casi me eché a reír.

—¿Qué hemos construido, Gu Xiao? Ni siquiera llegamos a casarnos.

—Nuestro futuro.

—Tu futuro —lo corregí—. El mío nunca te importó.

Su tono se endureció.

—Retira las acusaciones.

Ahí estaba.

El verdadero Gu Xiao.

No había venido a pedirme perdón.

Había venido a protegerse.

—Las pruebas están en manos de los investigadores. No son acusaciones que yo pueda retirar a voluntad.

—Tu padre tiene influencia. Puede detener esto.

—Mi padre no va a encubrirte.

—¡Shen You!

Aparté ligeramente el teléfono de mi oído.

—No vuelvas a levantarme la voz.

Respiró con fuerza.

Después habló en un tono más bajo.

—¿Sabes cuánto he trabajado para llegar hasta aquí? ¿Cuánto he sacrificado?

—Lo suficiente como para traicionar a todos los que confiaron en ti.

—Si me hundes, no saldrás indemne.

Sentí un escalofrío.

Aquella amenaza me recordó la noche de mi muerte.

Pero ahora estaba en mi casa, rodeada por mi familia y con el teléfono grabando la conversación.

—¿Me estás amenazando, general?

Él guardó silencio.

—No. Solo intento hacerte entrar en razón.

—Entonces escucha bien mi respuesta: no pienso salvarte.

Colgué.

Desde la ventana lo vi quedarse inmóvil unos segundos.

Finalmente subió al coche y se marchó.

Creí que había ganado tiempo.

Aquella misma noche, sin embargo, mi padre recibió una noticia inquietante.

Uno de los testigos principales había desaparecido.

Se trataba de un contable llamado Zhao Ming, que había trabajado en las adquisiciones investigadas.

Antes de desaparecer, había solicitado una entrevista confidencial con supervisión.

Mi padre dejó el teléfono sobre la mesa.

—Esto es más grave de lo que imaginábamos.

—¿Crees que Gu Xiao lo ha hecho desaparecer?

—No puedo afirmarlo. Pero alguien está intentando impedir que conozcamos la verdad.

Lo miré con el corazón acelerado.

En mi primera vida nunca había oído hablar de aquel contable.

Quizá porque desapareció antes de que comenzara la investigación contra mi padre.

O quizá porque nadie quiso que su nombre apareciera en los expedientes.

Esa noche apenas dormí.

Al amanecer, Clara me llamó.

—You, tienes que venir.

—¿Qué ocurre?

—La madre de Lin Yao quiere hablar contigo.

Me incorporé inmediatamente.

—¿Dónde está?

—En mi apartamento. Dice que tiene algo que podría cambiar toda la investigación.

LA CONFESIÓN DE UNA MADRE

Encontré a la señora Lin sentada en el salón de Clara.

Su aspecto había cambiado por completo.

Llevaba ropa sencilla, el cabello desordenado y unas profundas ojeras.

La mujer que se había arrodillado teatralmente el día de mi boda parecía haber envejecido diez años.

En cuanto me vio, intentó levantarse.

—Señorita Shen…

—No hace falta que se arrodille —dije antes de que pudiera hacerlo—. Si ha venido, espero que sea para decir la verdad.

Ella apretó las manos.

—Mi hija está embarazada.

—Lo sé.

—Y el general Gu quiere que interrumpa el embarazo.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué?

La mujer empezó a llorar.

—Hace una semana le prometió que reconocería al niño. Ahora dice que el embarazo es una prueba contra él y que perjudicará su carrera.

No sentí satisfacción.

En mi primera vida, Gu Xiao había utilizado la muerte de Lin Yao como excusa para asesinarme.

Había pasado dos años repitiendo que yo le había arrebatado a la mujer que amaba.

Pero ahora, cuando podía elegir libremente entre protegerla o protegerse, había demostrado cuál era su verdadera prioridad.

—¿Dónde está su hija? —pregunté.

—En casa de una prima. No quiere hablar conmigo.

La señora Lin sacó de su bolso una pequeña memoria USB.

—Necesita ver esto.

Clara conectó el dispositivo a su ordenador.

Aparecieron varias grabaciones de audio y documentos escaneados.

La primera grabación contenía la voz de Gu Xiao.

La reconocí inmediatamente.

—Cuando la autorización esté incorporada al expediente, el nombre de Shen Jianming quedará vinculado a los pagos. No necesitamos inventar más. Los registros harán el resto.

Una segunda voz preguntó:

—¿Y su hija?

Gu Xiao respondió:

—Después de la boda estará de nuestro lado. Si no, encontraremos la manera de mantenerla callada.

Se me heló la sangre.

Clara me miró.

La señora Lin permanecía con los ojos bajos.

—Yo trabajaba en la casa del general —explicó—. Escuché varias conversaciones. Al principio creía que se trataba de asuntos administrativos. Luego comprendí que estaban preparando una acusación falsa contra su padre.

—¿Por qué no lo denunció?

—Porque Gu Xiao me amenazó con acusar a mi hija de haber robado documentos. También dijo que, si hablaba, jamás reconocería al bebé.

—¿Y ahora por qué ha cambiado de opinión?

La mujer se secó las lágrimas.

—Porque ayer mi hija fue a buscarlo. Le suplicó que no la abandonara. Y él le dijo que, si seguía molestándolo, acabaría como cualquier otra persona que se interpusiera en su camino.

Se hizo un silencio.

—¿Tiene pruebas de esa conversación? —pregunté.

La señora Lin asintió.

—Yao la grabó. Después me la envió, asustada.

Clara abrió el último archivo.

Escuchamos la voz de Lin Yao, temblorosa.

—Pero dijiste que me amabas…

Y después, la respuesta de Gu Xiao:

—Te amo mientras no arruines mi vida. Aprende a entender la diferencia.

Tuve que cerrar los ojos.

Era exactamente el hombre que recordaba.

Durante dos años había fingido amarme.

También había fingido amar a Lin Yao.

En realidad, solo sabía amar aquello que podía beneficiarlo.

La señora Lin se inclinó hacia mí.

—Señorita Shen, sé que mi hija la humilló. Sé que yo colaboré con ella. No espero que nos perdone. Pero le suplico que utilice estas pruebas para detenerlo.

Miré la memoria USB.

Luego levanté la vista.

—No voy a prometerle que su hija quedará libre de responsabilidad si ha cometido algún delito.

La mujer asintió.

—Lo entiendo.

—Pero tampoco permitiré que Gu Xiao utilice su embarazo para silenciarla.

Por primera vez, la señora Lin pareció respirar con alivio.

Aquella misma mañana entregamos el material a supervisión, conservando una copia y la información sobre su origen.

Las grabaciones debían ser verificadas.

Los investigadores tendrían que comprobar las voces, los dispositivos y las circunstancias en que fueron obtenidas.

Pero finalmente poseíamos algo que Gu Xiao no podía explicar simplemente como un error administrativo.

Una conversación en la que hablaba de incriminar a mi padre.

LA ÚLTIMA JUGADA DE GU XIAO

Dos semanas después, Zhao Ming fue localizado con vida en otra provincia.

No había sido secuestrado.

Había huido después de recibir amenazas anónimas contra su familia.

Cuando los investigadores le ofrecieron protección, aceptó declarar.

Su testimonio reveló una red de contratos manipulados, empresas intermediarias y pagos ilegales.

Gu Xiao no actuaba solo.

Entre los implicados había un antiguo superior suyo que llevaba años aprovechando las adquisiciones militares para enriquecerse.

Mi padre había bloqueado una de sus operaciones.

Por eso necesitaban apartarlo.

El matrimonio conmigo debía servir para dos propósitos: facilitar el acceso a determinados documentos y permitir que Gu Xiao utilizara la confianza familiar para obtener información privilegiada.

Después, cuando las operaciones fraudulentas fueran descubiertas, toda la responsabilidad recaería sobre mi padre.

Gu Xiao permanecería a salvo.

En mi primera vida, el plan había funcionado.

Yo había sido demasiado ingenua para sospechar.

Esta vez, las pruebas llegaron antes de que pudieran completar el montaje.

Mi padre fue apartado voluntariamente del expediente para evitar cualquier apariencia de interferencia.

Una comisión independiente revisó las operaciones.

Y la investigación comenzó a avanzar sin depender de nuestra influencia.

Creí que Gu Xiao intentaría huir.

En lugar de eso, buscó una última forma de acercarse a mí.

Una tarde, Clara me llamó nerviosa.

—You, he recibido un mensaje suyo.

—¿Qué dice?

—Que tiene información sobre tu padre y que solo te la entregará en persona.

—Es una trampa.

—Eso pensé. Pero ha enviado una fotografía de un documento que no aparece en los expedientes.

Miré la imagen que Clara me reenvió.

Era una orden de transferencia de fondos firmada por uno de los altos oficiales investigados.

Y debajo aparecía una fecha.

La misma fecha en que, en mi primera vida, mi padre había sido detenido.

Sentí que me faltaba el aire.

Gu Xiao había conservado una prueba de la conspiración.

Una pieza con la que quizá pensaba negociar su libertad.

Le pedí a Clara que entregara inmediatamente el mensaje a los investigadores.

No acudiría sola a ningún encuentro.

Aquella noche se organizó una reunión controlada en una oficina oficial, con presencia de los responsables del caso.

Gu Xiao aceptó acudir.

Cuando entré, estaba sentado junto a una mesa.

Había perdido peso.

Su uniforme seguía impecable, pero su rostro mostraba el cansancio de alguien que llevaba demasiadas noches sin dormir.

Al verme, sonrió débilmente.

—You…

No respondí al tono familiar.

Me senté frente a él.

—¿Dónde está el documento original?

Gu Xiao miró a los dos funcionarios presentes.

—Quiero hablar a solas con ella.

—No es posible —respondió uno de ellos.

Él soltó una risa amarga.

—Ni siquiera puedes concederme cinco minutos, Shen You.

—Tuvimos años para conocernos antes de la boda. Ya sé suficiente sobre ti.

Su expresión se ensombreció.

—¿De verdad no queda nada entre nosotros?

Pensé en la mujer que había sido.

La que esperaba sus llamadas, celebraba sus ascensos y se dormía abrazada a su uniforme cuando él estaba fuera.

Pensé también en la escalera.

En el dolor.

En el bebé que no llegó a nacer.

—No —respondí—. No queda nada.

Gu Xiao bajó la cabeza.

Durante un instante creí que lloraría.

Pero cuando volvió a mirarme, sus ojos estaban secos.

—Puedo demostrar que tu padre no participó en aquellas operaciones. Tengo los originales.

—Entrégalos.

—Quiero un acuerdo.

—No tengo autoridad para negociar tu responsabilidad penal.

—Tu familia tiene contactos.

—Precisamente por eso nos acusaste de utilizar influencias. No voy a convertirme en lo que decías que éramos para salvarte.

Apretó los dientes.

—¡Lo hice por nuestro futuro!

Lo miré con incredulidad.

—¿Nuestro futuro?

—¡Sí! ¿Crees que era fácil vivir bajo la sombra de tu padre? Todo lo que conseguía se atribuía a su influencia. Nadie veía mis méritos.

—¿Y tu solución fue destruirlo?

—¡Necesitaba demostrar que podía llegar más lejos que él!

Sus palabras resonaron en la habitación.

Uno de los funcionarios tomó nota.

Gu Xiao pareció recordar demasiado tarde dónde estaba.

Entonces cambió de estrategia.

—Yo no quería hacerte daño, You.

Mi pecho se contrajo.

Era la misma mentira que había escuchado tantas veces.

—¿Y Lin Yao? —pregunté—. ¿Tampoco querías hacerle daño?

Él apartó la mirada.

—Yao no entiende cómo funciona el mundo.

—Está embarazada de tu hijo.

—Eso solo complica las cosas.

Su respuesta me confirmó todo lo que necesitaba saber.

—No era amor —dije suavemente—. Ni lo que sentías por ella ni lo que decías sentir por mí. Solo querías que las dos aceptáramos sacrificar nuestras vidas por tu ambición.

Gu Xiao golpeó la mesa con la palma.

—¡Basta!

Los funcionarios se incorporaron.

Él levantó las manos, intentando controlarse.

Respiró varias veces.

Después abrió lentamente el maletín que había llevado consigo, bajo la supervisión de los investigadores.

Sacó un sobre sellado.

—Aquí están los originales.

Uno de los funcionarios lo recogió.

Gu Xiao me miró por última vez.

—¿Si entrego todo, me perdonarás?

Pensé cuidadosamente mi respuesta.

—Puedo dejar de odiarte algún día. Pero eso no borrará lo que hiciste.

Sus hombros se desplomaron.

Me levanté.

—Y no vuelvas a llamarme tuya. Nunca más.

Salí sin mirar atrás.

CUANDO LLEGÓ EL DÍA DE RENDIR CUENTAS

La investigación continuó durante meses.

Los documentos entregados por Gu Xiao permitieron reconstruir varias operaciones irregulares.

Las firmas falsificadas fueron examinadas.

Los movimientos bancarios se contrastaron con los contratos.

Los testimonios de Zhao Ming y de otras personas completaron el caso.

Finalmente, se confirmó que mi padre no había autorizado los pagos que pretendían atribuirle.

Gu Xiao y varios colaboradores fueron procesados por los delitos que correspondían a su participación en la trama.

Perdió su cargo y su carrera militar terminó.

Su antiguo superior también cayó.

La señora Lin tuvo que responder por haber ocultado documentación, aunque su colaboración posterior fue tenida en cuenta.

Lin Yao, por su parte, se vio obligada a enfrentar las consecuencias de sus propias acciones.

No volvió a aparecer ante mí vestida de blanco ni a fingir que quería quitarse la vida para conseguir que Gu Xiao acudiera a abrazarla.

Una tarde me envió una carta.

No esperaba recibirla.

La abrí mientras tomaba té con Clara.

«Shen You:

Durante mucho tiempo creí que tú eras la persona que nos impedía ser felices.

Gu Xiao me convenció de que necesitaba casarse contigo para asegurar su carrera y que después podríamos estar juntos.

Yo elegí creerle porque era lo que deseaba escuchar.

Te humillé delante de tu familia. Inventé mentiras sobre ti. Utilicé mi embarazo para obligarlo a escogerme.

Pensaba que, si conseguía apartarte, él finalmente me amaría.

Pero cuando su situación empeoró, me pidió que negara nuestra relación y que renunciara al niño.

Entonces comprendí que nunca había sido especial para él.

No espero tu perdón.

Solo quería decirte que tenías razón: nunca debí permitir que mi felicidad dependiera de destruir la tuya.

Voy a criar a mi hijo lejos de él.

Lin Yao».

Dejé la carta sobre la mesa.

Clara me observó.

—¿Vas a contestarle?

Negué con la cabeza.

—No.

—¿Todavía la odias?

Miré por la ventana.

El jardín estaba lleno de luz.

En mi primera vida había deseado que Lin Yao desapareciera.

Había confundido su derrota con mi victoria.

Esa obsesión me había llevado a aceptar un matrimonio que nunca debió existir.

Ahora entendía algo que antes me habría resultado imposible.

Lin Yao era responsable de sus decisiones.

Gu Xiao también.

Pero yo no tenía que dedicarles el resto de mi vida.

—No quiero volver a pensar en ellos —respondí.

Clara sonrió.

—Entonces, ¿qué vas a hacer ahora?

Tomé mi taza.

—Vivir.

Y por primera vez, aquella palabra no me pareció una promesa vacía.

EL DESTINO QUE ELEGÍ

Un año después, inauguré una fundación de apoyo jurídico y psicológico para familias afectadas por acusaciones administrativas injustas.

Mi padre me había ayudado a entender lo difícil que resultaba defenderse cuando una institución entera parecía haberse vuelto contra uno.

No quería que otras familias pasaran por aquello sin orientación.

Mi madre colaboró conmigo desde el principio.

Clara se convirtió en la responsable de coordinación.

Trabajábamos demasiado, discutíamos por cosas pequeñas y algunas noches terminábamos comiendo fideos fríos entre montañas de expedientes.

Nunca había sido tan feliz.

Una mañana recibí una invitación para asistir a un acto oficial.

Mi padre iba a recibir un reconocimiento por su trayectoria.

Cuando llegamos al auditorio, lo vi subir al escenario con el uniforme de gala.

Estaba erguido, sereno y orgulloso.

Mi madre me tomó de la mano.

En mi primera vida, aquel mismo hombre había muerto en una celda con su reputación destruida.

Ahora lo veía recibir los aplausos de sus compañeros.

Sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas.

Al terminar el acto, mi padre se acercó y me abrazó.

—¿Por qué lloras, hija?

Negué con la cabeza.

—Porque estoy feliz.

Él sonrió.

—Yo también. Sobre todo porque volviste a sonreír.

Aquella tarde, cuando regresamos a casa, encontré una pequeña caja sobre mi escritorio.

Dentro estaba el anillo de compromiso de Gu Xiao.

Al parecer, había quedado entre mis pertenencias después de la ceremonia cancelada.

Durante unos instantes lo observé en silencio.

En mi vida anterior, aquel anillo había sido lo último que sostuve antes de morir.

Lo había apretado con tanta fuerza que dejó una marca en mi mano.

Había muerto pensando que mi mayor tragedia era no haber sido amada por mi marido.

Qué equivocada estaba.

Mi mayor tragedia había sido olvidar que mi vida valía mucho más que su amor.

Cerré la caja.

Al día siguiente la entregué para que el objeto fuera devuelto mediante el procedimiento correspondiente.

No lo guardaría como recuerdo.

Tampoco necesitaba destruirlo.

Simplemente ya no significaba nada.

UN ÚLTIMO ENCUENTRO

Dos años después de aquella boda frustrada, recibí una comunicación relacionada con la resolución definitiva de algunos asuntos patrimoniales.

Debía acudir a una oficina administrativa para firmar unos documentos.

Mientras esperaba en el pasillo, vi a un hombre escoltado por dos funcionarios.

Estaba mucho más delgado.

Llevaba ropa sencilla y caminaba con la cabeza baja.

Tardé unos segundos en reconocerlo.

Era Gu Xiao.

Él también me vio.

Se detuvo bruscamente.

—Shen You…

Su voz ya no tenía aquella arrogancia de antes.

Los funcionarios le indicaron que continuara, pero él pidió permiso para decirme unas palabras.

Lo miré sin moverme.

—Habla.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—He pensado mucho en todo lo que pasó.

Guardé silencio.

—Cuando te conocí, de verdad creí que podríamos ser felices. Tú eras buena conmigo. Me apoyabas incluso cuando yo no lo merecía.

Una sonrisa amarga cruzó su rostro.

—Pero estaba tan obsesionado con ascender que empecé a ver a las personas como escalones. Tu padre era una oportunidad. Tú eras una garantía. Yao era alguien que nunca me exigía ser mejor.

Bajó la mirada.

—Al final lo perdí todo.

No sentí alegría al escucharlo.

Tampoco pena.

—No lo perdiste todo de repente, Gu Xiao. Fuiste renunciando a cada cosa importante cada vez que decidiste mentir.

Él asintió lentamente.

—Lo sé.

Luego levantó los ojos.

—Si pudiera volver al día de nuestra boda…

Mi corazón dio un vuelco.

Por un instante, recordé la música, el vestido blanco y el anillo cayendo al suelo.

Recordé la primera vez que había muerto.

Y la segunda oportunidad que nadie sabía que había recibido.

Gu Xiao continuó:

—Si pudiera volver a ese día, elegiría otra cosa.

Lo observé.

—Yo también.

Sus ojos se iluminaron apenas.

Quizá creyó que todavía quedaba una posibilidad.

Pero entonces terminé mi frase:

—Volvería a cancelar la boda.

Su rostro quedó inmóvil.

—Shen You…

—La diferencia es que ahora sé que no necesitaba casarme contigo para ser feliz.

Los funcionarios le indicaron que era hora de continuar.

Gu Xiao bajó la cabeza.

Antes de marcharse, susurró:

—Lo siento.

No respondí.

Había disculpas que podían aceptarse sin necesidad de volver a abrir una puerta.

Lo vi alejarse por el pasillo.

Esta vez no corrí tras él.

No lloré.

No le pedí explicaciones.

Simplemente me di la vuelta y salí al exterior.

Clara me esperaba junto al coche.

—¿Todo bien?

—Todo bien.

—¿Vamos a comer? Tu madre ha llamado tres veces. Dice que si llegamos tarde se comerá todo el postre.

Solté una carcajada.

—Entonces date prisa.

Subí al coche.

A través de la ventanilla vi el cielo azul, los árboles balanceándose y a varias personas caminando bajo el sol.

Cosas corrientes.

Cosas que, en otra vida, nunca había tenido oportunidad de volver a contemplar.

Mi teléfono vibró.

Era un mensaje de mi padre:

«¿Terminaste tus asuntos? Tu madre ha preparado tu comida favorita. Te esperamos en casa».

Sonreí mientras respondía:

«Ya voy, papá».

En mi primera vida, había muerto vestida con el amor y las promesas de un hombre que nunca me quiso.

En la segunda, había recuperado a mi familia, mi dignidad y mi futuro.

Gu Xiao había creído que mi apellido era lo único valioso que yo poseía.

Pero se equivocaba.

Mi verdadero poder nunca estuvo en el rango de mi padre ni en el puesto de mi prometido.

Estaba en la capacidad de escoger qué vida quería vivir.

Y aquella vez había elegido bien.

Porque mi venganza no fue verlo perder su uniforme, su posición ni su libertad.

Mi verdadera victoria fue regresar a casa, abrazar a mis padres y descubrir que el destino más hermoso era aquel en el que Gu Xiao ya no tenía lugar.

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